delirios: Mosquitos a cañonazos

29.10.11

Mosquitos a cañonazos

En español suele hablarse de "matar moscas a cañonazos" cuando alguien aplica una solución desproporcionada a un pequeño problema. Lo que muchos ignoran es que esto se hizo casi literalmente en un pequeño campo de entrenamiento del Ejército de los Estados Unidos cerca de Shreveport, Luisiana.

Como seguramente sabrán, el Estado norteamericano de Luisiana se corresponde con un amplio territorio mayoritariamente pantanoso. En el caso de Shreveport una buena porción del suelo - que algunos calculan en una décima parte - está cubierto por aguas cenagosas.

En 1964, recién llegado de Vietnam, el teniente John Garan fue desplegado junto a sus hombres en un área de diez kilómetros cuadrados de lo más fangosos para practicar operaciones de combate simulado. Dejaba en el Extremo Oriente a su antiguo batallón y recibía la misión de entrenar a soldados inexpertos en terrenos húmedos para después enviarlos a combatir al Vietcong o a realizar incursiones en la selva camboyana.

La primera semana de septiembre de 1964 el teniente Garan fue hallado muerto por la mañana en los barracones, abatido a tiros después de haberse llevado por delante a cinco de sus hombres. Esta historia desconocida fue lo mejor ocultada posible por el Ejército de los Estados Unidos ante la poca conveniencia de encajar escándalos en plena época de encarnizada campaña militar. Se dijo que Garan, de origen irlandés, era alcohólico y medio esquizofrénico y que en un ataque de locura disparó contra sus reclutas, los cuales se vieron obligados a abrir fuego en defensa propia. Las familias de las víctimas fueron indemnizadas, se taparon bocas en la prensa y John Garan fue enterrado discretamente y sin honores en un cementerio castrense.

La verdad de lo ocurrido se supo sólo en exclusivos círculos militares - dentro de los cuales pude escucharlo - y fue relatada por uno de los reclutas de Garan, de nombre Bill Sagebrush. Sagebrush - en aquella época un joven de diecinueve años - explicó que el teniente solía quejarse por las mañanas de que los mosquitos no le dejaban dormir. Como hemos mencionado antes, Luisiana es un territorio pantanoso y en las épocas de calor estos insectos aprovechan las oscuras ciénagas para procrear; cada semana eclosionan millones de huevos mientras las hembras revolotean por doquier chupando la sangre de la gente para producir nuevas camadas.

"Nos despertaba cada noche gritando y maldiciendo", explicó Sagebrush. "Se cagaba en la puta madre de los mosquitos". Según el soldado, Garan llegaba a golpearse a sí mismo al intentar librarse de aquellos molestos picotazos. Hasta que en una ocasión, presa de la locura, tomó su revólver y empezó a disparar contra los bichos.

Fue un desastre - afirmó Sagebrush - porque el barracón era una amplia nave de madera y aluminio que, subrayemos, contenía una única estancia donde se disponían en hileras las literas de los reclutas. En su alocado intento por acabar con los mosquitos a base de calibre cuarenta y cinco, parece ser que Garan se llevó por delante a cuatro de sus hombres - los que dormían más cerca -; el quinto, explicó el recluta Bill, murió al intentar quitarle la pistola.

Por suerte, los soldados de Garan estaban bien entrenados. Tan pronto como vieron lo que ocurría, varios de ellos se pusieron en pie - sin vestirse siquiera - y montaron sus fusiles. "Yo estaba entre ellos", me dijo Sagebrush entre orgulloso y apenado. Exigieron al teniente que depusiera su actitud, pero está comprobado que no insistieron mucho; como el perturbado continuara disparando contra los mosquitos - y a punto estuvo, según creo, de acertar a otros dos o tres hombres que hubieron de echarse cuerpo a tierra - todos abrieron fuego contra él y le metieron en el cuerpo más de cinco mil picaduras de puro plomo. Fue el fin del soldado John Garan.

El Ejército, resolvimos más tarde, no podía permitirse afrontar semejante ridículo - ¡en plena confrontación con los soviéticos! - y se tomó la decisión de hacerlo pasar todo como un ataque de histeria psicótica de dramático desenlace. Así se explicó a los medios - convenciendo adecuadamente a quien no quiso creerlo - y se ordenó a los soldados que así lo contaran. Sólo uno de ellos, Sagebrush, relató la historia tal como fue realmente; primeramente a nosotros - afirmó - aunque no sabía que era algo tan confidencial. Siempre sospechamos que pudo haber comentado algunas cosas a su familia y a la policía antes de consultarnos, pero nunca logramos comprobarlo y, de todos modos, él no habría tenido pruebas en caso de querer certificar la veracidad de su versión.

En ningún momento nos pareció que las palabras del soldado Bill Sagebrush fuesen problemáticas o supusieran una amenaza para la buena imagen del Ejército. Es por ello que negamos entonces y negaremos hoy cualquier implicación de tan elevada institución en el posterior suicidio, unos meses más tarde, del citado recluta mediante un tiro en la boca. En nada nos habría beneficiado su muerte; aquel asunto se resolvió de forma sencilla y satisfactoria. Fue sólo un lamentable espectáculo protagonizado por un imbécil hace más de treinta años y así es como debe recordarse; o, mejor dicho, olvidarse por el bien de todos.

4 comentarios:

  1. Interesante relato!!! Abrazos.

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  2. Cada vez que leo algo sobre la guerra de Vietnam me viene a la cabeza el episodio del Monte de la Hamburguesa y no puedo tomarme al ejército estadounidense en serio... Besitos!!!

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  3. He oído el nombre pero nunca he sabido de qué iba... a ver si busco por la Wiki.

    ¡Besos!

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