delirios: 03.12

9.3.12

25

Avanza la noche, se aleja la luna. La vigilia termina, se acerca la aurora. Pronto comenzaré el último viaje. Una carretera en la llanura y, de repente, ninguna parte.

7.3.12

Van a entrar

Tenía que haberme ido cuando pude hacerlo. ¿Por qué pienso en esto ahora? Siempre dicen: "no lo pienses más". Pero lo haces tarde o temprano. "No sirve de nada atormentarse por lo que tenías que haber hecho". Lo hecho hecho está y no tiene solución. No te tortures. Pero te torturas.

Los escuché cuando saltaron la puerta de la verja. Yo ya sabía que vendrían, lo sabía desde hacía mucho. Sabía que ocurriría. Podía haberme marchado entonces. Debería haberme marchado. O, al menos, haberme armado en consecuencia. Después de todo no sabía a dónde ir. Lo mínimo hubiera sido defenderse, ser precavido. Pero no.

Tardaron un poco en acceder al interior de la casa. Yo los veía desde arriba, les escuchaba por las noches. Tenía miedo pero prefería no pensar en ello, como si simplemente fuesen a marcharse. Como si fueran a olvidarse de mí. Sabía que no se arreglaría solo pero no hice nada. Entonces huir ya era difícil, pero no imposible; podía haberlo intentado en un momento de silencio, escurrirme con sigilo. Pero, ¿y si me descubrían? ¿Y si se daban cuenta? ¿Y si no corría tanto como ellos y al final me atrapaban?

Debió ser por eso que me limité a seguir como si nada ocurriera hasta que un buen día - ni siquiera recuerdo la fecha - reventaron la puerta y entraron. Como pude me escondí en el sótano, en lo más profundo al final de las galerías. Ahora no tengo luz, estoy en la oscuridad total. Tampoco tengo armas.

Si hubiera... esas palabras no salen de mi cabeza. Al menos podría tener un fusil en las manos, una pala, un cuchillo, algo. Pero no tengo nada. Y obvio que escapar, en estos momentos, ya que es imposible. Tuve una última oportunidad, cierto: tardaron en dar con la puerta del sótano. Podía haber intentado escabullirme; pero para huir desde aquí tendría que haber atravesado la casa y en la casa están ellos, ¿cómo iba a arriesgarme?

Ahora ya no importan ni los riesgos ni las oportunidades. No las hay. Y ni siquiera pienso en el peligro porque lo seguro no es peligroso: es seguro. Ya encontraron la galería del sótano. No les costó romper la escondida puerta de madera. Con la que me separa de ellos tendrán más problemas: es de hierro. Pero tarde o temprano lo conseguirán. Escuché un martillo durante horas y un siseo que bien podría ser el de un taladro. Van a entrar.

No sirve de nada pensar en lo que se podría haber hecho. Lo hecho hecho está. Pero sin embargo me torturo, no dejo de darle vueltas. Es lo único que puedo hacer en un rincón de la oscuridad mientras oigo los golpes, mientras siento bajo la puerta sus sombras y espero que entren a por mí.

4.3.12

Sexismo lingüístico

(...)

Llama la atención el que sean tantas las personas que creen que los significados de las palabras se deciden en asambleas de notables, y que se negocian y se promulgan como las leyes. Parecen pensar que el sistema lingüístico es una especie de código civil o de la circulación: cada norma tiene su fecha; cada ley se revisa, se negocia o se enmienda en determinada ocasión, sea la elección del indicativo o del subjuntivo, la posición del adjetivo, la concordancia de tiempos o la acepción cuarta de este verbo o aquel sustantivo.