delirios: La rotonda

8.4.15

La rotonda

Cuando abandonan la rotonda, la carretera está desierta salvo un coche que viene en dirección contraria. Él está contándole cualquier tontería que vio ayer en televisión, pero ella le interrumpe agarrándole muy fuerte del brazo y casi obligándole a dar un volantazo.

- ¿Pero qué haces?

Ella está muy tensa y clava los ojos en las luces que se acercan por el carril opuesto.

- Ese coche - dice.

El vehículo no tarda en cruzarse con ellos. Él lo mira de reojo y, tras el brillo de los faros encendidos, ve lo que parece un coche corriente. Un utilitario no muy grande de color blanco.

- ¿Qué le pasa? - pregunta.

Ella respira muy deprisa.

- Ese coche va a matarnos.

Él observa el retrovisor y ve dos pilotos rojos que se alejan en dirección contraria. Sonríe.

- ¿Qué estás diciendo, qué te ha dado?

- No es ninguna broma - replica ella, visiblemente nerviosa - ¡Ese coche no es un coche normal!

- Pero bueno, ¿estás bien?

- ¡Ese coche va a matarnos! - chilla ella - ¡Acelera, por Dios, acelera!

Está tan alterada y se revuelve de tal forma que él termina por asustarse.

- ¿Qué coño te pasa? - exclama - ¿A qué viene esto?

- ¡No me preguntes, sólo acelera! ¡Algo horrible va dentro de ese coche! ¡Por Dios, corre!

- ¡Es sólo un puto coche normal! - la situación empieza a irritarle.

La mujer, casi histérica, se incorpora sobre el asiento para mirar atrás.

- Está tomando la rotonda - dice - ¡Joder, está dando la vuelta!

Él quiere mantener la calma, pero mira al espejo y ve que, efectivamente, el otro coche está rodeando la glorieta.

- Bueno - contesta - se habrá equivocado de salida.

- ¡Sí, seguro! ¿Y tú qué sabes? ¡Acelera, joder, acelera!

- ¿Por qué lo sabes tú? - grita él.

- ¡Ni yo lo entiendo, pero qué más da! ¡Acelera!

Él no responde. Aunque la escena le parece tan inquietante como absurda, sin darse cuenta está apretando el acelerador. El otro coche ya ha abandonado la rotonda y se ha colocado tras ellos, en el mismo carril, a bastantes metros de distancia.

- ¡Acelera! - exclama ella - ¡Nos está siguiendo!

Los gritos cada vez más incontrolados le ponen nervioso por momentos. Nota que le tiemblan las manos y las piernas y no entiende nada. La desgracia sobreviene cuando ella, como un reflejo del pánico, se agarra a su brazo con fuerza. Le hace doblarse y girar el volante. El coche se desestabiliza, pierde el control y se sale en una curva.

El auto desciende una rampa. Hay tanto ruido como en un terremoto hasta que, al cabo de unos metros, se detiene con las ruedas clavadas en la tierra. Se quedan callados, aturdidos por los golpes y el sobresalto. Recobran la conciencia tras un instante que a ellos les ha parecido una hora, pero saben que apenas ha sido un minuto.

- ¿Estás bien? - dice él, aturdido.

- Creo que sí.

- ¿Tienes algo roto, sangras?

- No, creo que no... ¿y tú?

- No...

- No sé qué ha pasado, yo...

- Está bien, tenemos que salir. Vamos a llamar a alguien...

Ella es la primera en abandonar el vehículo, con gran esfuerzo porque está levemente inclinado sobre el suelo blando del campo. Él la sigue tras desabrocharse el cinturón. Tiene que trepar hasta la puerta del copiloto porque la suya está atrancada. Cuando consigue salir la encuentra en mitad de la campiña, a unos metros del automóvil, con los ojos desencajados mirando a la carretera.

- ¿Qué te pasa? - pregunta asustado - ¿Te encuentras bien, te duele algo?

Ella no contesta. Sólo levanta una mano señalando vagamente hacia la curva donde se han salido. Un coche está detenido allí. El mismo turismo blanco que les seguía. Parado, con los faros aún luciendo y las puertas abiertas.

Algo se ha bajado del coche.

7 comentarios:

  1. Me ha aterrado. Sublime...

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  2. Malditas las mujeres que siempre están en lo cierto aunque no sepan de qué se trata...

    Suerte

    J.

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  3. La tensión que se respira no da tregua hasta el final.
    Saludos!

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  4. Me ha gustado muchísimo !!
    Un beso ^_^

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  5. A vida é um vai e vem de emoções

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Háblame.