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20.4.14

26

Soñé que estaba perdido en la oscuridad. Junto a mí había un hombre con la frente y las manos llenas de sangre. Quise acercarme a él, pero antes de que pudiese tocarle se alejó y se desvaneció.

Se desvaneció en la oscuridad.

9.3.12

25

Avanza la noche, se aleja la luna. La vigilia termina, se acerca la aurora. Pronto comenzaré el último viaje. Una carretera en la llanura y, de repente, ninguna parte.

20.7.11

[23]

El perro no para de ladrar. Yo no puedo dormir. Me duele la tripa. Pierdo el tiempo. Oigo ronquidos por la ventana. El teléfono no funciona. No hace calor, tampoco frío. Los recuerdos no me dejan en paz. Muy tarde. Se oye un tren. Coches. El aire quieto. Mañana otro día. Mucho pánico. Y así, y con otras muchas cosas, la vida pasa.

5.7.11

[21]

Me espera un desierto infinito de dolor y cuando termine el camino no habrá tumba que me pueda sostener.

[20]

Me desperté, puedo asegurar, en algún punto fuera del tiempo y el espacio. Sólo el negro ocupaba el vacío, y mi cabeza llena de nada. Me había perdido tantas veces que no podía asegurar mi dirección o mi posición. ¿Dónde estaba? ¿Cuándo estaba?

Lo primero que recuerdo es verme fuera, en la materia de nuevo. En algún lugar sin hora ni fecha; estaba sentado y fumaba. No había estrellas y sí una luz naranja que iluminaba algunas plantas muertas y un suelo con tierra.

Sólo se escuchaba el zumbido del silencio y un perro que ladraba en algún lugar. Había una tapia, un cielo vacío y paredes sucias con persianas bajadas. ¿Gente durmiendo tras ellas?

Me encontraba mal; mareado de manera tal que no podía ver, levantar la cara y mirar. Me abracé el estómago y me sujeté la frente. Agucé el oído y sentí - reconocí - la voz y los rugidos de la bestia - otra vez -.

Pero en esta ocasión, comprendí, no me hablaba desde las habitaciones y los pasillos profundos; sino desde mi mismo interior. Sus rumores y sus burlas, en la oscuridad, mezclados con los latidos de mi propio corazón.

23.2.11

[19]

Completamente solo en la oscuridad. Sabes que en toda la casa, en el bloque entero, no alumbra una luz. Sabes que no late ningún corazón; que no sea el tuyo propio.

15.1.11

[18]

¿En qué punto cambia la situación? ¿Cuándo empiezan a brillar las sombras que todos tienen en el interior? Luz convertida en oscuridad. Tinieblas habitadas en naturalidad.

¿Cuándo toma el corazón una decisión? ¿Cuándo empieza a temblar el arca más cerrada de la habitación? Compasión sin humillación. Nacimiento en la destrucción.

31.12.10

[17]

Realmente creía que estaban predestinados, hasta que descubrió con horror que no existe el destino.

26.12.10

[16]

El dolor da paso a la indiferencia. Del sufrimiento intenso nace la calma densa. Es así en cualquier modo, igual que tras arder el bosque aparece un serenísimo y pacífico desierto.

5.12.10

[15]

Pensaba decir algo bonito, pero en vez de eso sólo masculló: "no quiero ni pensar el dinero que me he gastado en ti esta noche".

28.11.10

[14]

Silencio. En la mañana. Vigilia. Despertar de repente. Sin un ruido. Sin un nada.

Soledad, y hasta el Twitter se calla. En la calle... silencio. Quedo... por dentro.

Late un corazón. Emite calor... no hay aliento. Corazón de máquina. Ausencia humana.

Un vistazo a la red: inmensidad. Una ciudad infinita de soledad.

¿Por qué buscas a la persona que sabes que no vas a encontrar?

Silencio... silencio. Nada más.

22.11.10

Sin número

Iba caminando por las calles, de noche, de callejón en callejón. Se sujetaba el pecho, porque le dolía intensamente. También la tripa. No sabía si era por su destrozada salud o por su maltrecho corazón. La carne o la emoción: pero mataba.

De repente apareció aquello. En una esquina sombría, atravesando la luz de una farola, el puñal. Dos, tres estocadas. Directo al pecho. Justo en el corazón.

Se quedó allí, sangrando. El aliento se le derramaba por la herida abierta. Y le dolía mucho todo, dentro y fuera.

Al fin empezaron a apagarse las luces, entre parpadeos. Todo se volvió negro. Y le sorprendió comprobar que, en la oscuridad, el dolor seguía estando. Y no sólo eso: más intenso, más abierto.

Realmente siempre había creído que cuando todo terminase, también se iría el dolor.

18.11.10

[12]

El cielo está lleno de buitres. Son decenas, cientos. Enormes, leonados, las alas negras. Graznan y van volando en círculos, primero muy grandes, cada vez más pequeños, se van uniendo nuevos.

Buitres... ¡os detesto! No hay animal más bajo en la Naturaleza. Ahí va el jabalí, herido, enfermo de la vida. Intenta huír, sabe lo que se le viene encima, aunque nunca atacáis... nunca, sólo esperáis.

Esperan, pacientes, los buitres. El jabalí intenta esconderse entre los matorrales, bajo las encinas, se engaña a sí mismo. Por fin cae al suelo, y empieza la carnicería. Allí llegáis los buitres, ¡os maldigo! Trapaceros, perversos. No cazan nunca presas vivas.

Buitres... buitres de alas negras. Siempre escondidos en las montañas, sobre los peñascos. Siempre en algún acantilado hasta que huelen la muerte. Sienten la herida. Cómo desean la cicatriz abierta. ¡Os desprecio!

Os maldigo, os repudio... quisiera echaros del seno de la madre Naturaleza, ¡buitres!

2.11.10

[11]

Me estoy muriendo de dolor... Sólo dolor. Pensé que era superstición, fantasía, creer que el alma puede matar al cuerpo, que la vida puede apagarse como una vela con un soplo, sólo por dolor. Sólo de pena.

Me estoy muriendo de dolor... Nunca creí que pudiera ser, nunca pensé que llegase a ansiar la terminación, y entre un día y otro suplicar a Dios... que se termine...

No, no sabía que pudiese haber un sufrimiento semejante, algo así en el interior, de lo que nadie me puede consolar, de lo que no hay médico que me pueda curar.

Dolor, profundo, por dentro, indescriptible, matándome, consumiéndome, dejándome vacío por dentro hasta convertirme en un envoltorio hueco, para siempre, sin final, sin horizonte, dolor...

Nunca creí que pudiera ser, y al fin lo comprobé, y ahora miro por la ventana, busco en la pantalla, en la luz en el aire un lugar donde esconderme, donde meterme, pero no puedo huir porque es por dentro, porque está dentro de mí...

Dolor... hasta que termine, no habrá nada más. Estoy muriendo de dolor.

10.6.10

[10]

El mundo es un teatro donde los dioses y los demonios se entretienen observando los descalabros del hombre. Hay quien puede vivir sorteando los envites agresivos de la corrupción, esquivando las consecuencias de su propia depravación, degradándose, siendo libre, enterrándose y pensando por un segundo que algo en el cielo le ayudará, que obtendrá el perdón, que podrá descansar, que cambiarán las cosas.

Un instante de esperanza en un océano de hastío y luego de repente, sin esperarlo, abrir de improviso la puerta más cerrada de la desesperación, conocer un nivel aún más escondido del dolor, a cotas nunca antes imaginadas, a un extremo que enloquecería al mismo diablo en el corazón profundo del infierno.

Ahora la tiene ante sí, descarnada, desnuda, eterna, inevitable, la verdad. La verdad. Y por fin siente el dolor, a una capacidad que antes no podía ser ni en su enfermiza imaginación. Entendió que los hombres no valen nada, la mentira de la hermandad, el porqué de las separaciones insalvables, de las escalas entre unos y otros, del abismo que les distancia.

Encontró el castigo que los dioses, engañosos, le tenían reservado, después de brindarle la esperanza mediante las señales falsarias del diablo.
Ellos siguen divirtiéndose mientras envían desde el cielo los elementos con que, en una ininterrumpida lluvia, atormentan a los hombres: esperanza, ilusión, amor. Mentira.

Ahora se hundirá en el pozo, caerá a la oscuridad y de allí no saldrá nunca, enterrado por siempre, hundiéndose cada vez más, en una espiral decadente hasta que compruebe que solo los vapores del alcohol le permitirán olvidar un segundo y no sentir y sufrir un poco menos mientras espera la única liberación posible del tormento agónico, la muerte. Y así cumplió el destino que le aguarda a todos los hombres, sin esperanza.

9.6.10

[9]

Nadie puede ayudarme a llevar esta cruz, nadie me podrá acompañar en esta tribulación. Sólo quiero que me destruyas, buscarte a ciegas en la oscuridad, entre las olas, casi pensar que puedo romper el invisible mar que nos separa y ser tuyo, sin que nada más me ate, que me lleves de la mano escalera abajo hasta las habitaciones misteriosas del infierno y estallar, romperme, volar, volar y luego repartirme sereno y silencioso en la nube donde no soy nada y nadie puede verme.

Me haces pensar que vale algo el fracaso insultante que soy, la derrota irremediable de mis días tienen sentido y será por eso que te pertenezco desde siempre o quizá pertenezco sólo a lo que crees que soy, amo sólo lo que creo que eres.

Quiero que seas eternidad, imaginar que nunca te perderé, emborracharme un momento otra vez con esa falsa esperanza y sentir por unos segundos, los instantes preciosos de la erupción que he dejado de ser la peor persona que vivió en este mundo.

Domíname, vénceme, atrápame y átame con la enredadera del vicio y luego sácame por fin de las tinieblas en las que nado para arrastrarme a la luz, a la luz cegadora y blanquísima, haz que los cimientos de la realidad se tambaleen otra vez mientras hago el amor con lo que imagino que eres.

27.4.10

[8]

Pasamos las horas muertas en el inmenso mar interminable. Negro, oscuro, infinito, repleto de vidas solitarias y mil millones de colores. Ahí en medio lo recorremos sin descanso por noches sin término. Solos. Completamente solos.

Buscando, buscando, navegando llegamos siempre a los peores lugares, pero estamos lejos, muy lejos y no hay peligro. Los lugares siniestros donde nos ofrecen la perversión: ¿quieres? ¿pruebas? ¿te atreves?

Al final nos sentimos orgullosos de nuestro propio morbo, mórbidos lo probamos todo. La escatología, la inmoralidad, la aberración más pura la conocemos y nos la bebemos. Nos sentimos sucios después pero lo hemos hecho. Nos sentimos corruptos, podridos, infectados, condenados, ofensivos ante el mismo Dios pero lo hemos hecho, y vivimos.

Pasamos las horas muertas, las noches enteras, sin freno. El mar cada vez es más inmenso, cada segundo, cada minuto. Sin movernos lo recorremos, nos dejamos llevar por sus olas y es negro, eterno. La muerte nos mira desde las paredes y escapamos, escapamos, y cuanto más huimos nos adentramos más y nos condenamos más. Y estamos solos, estamos vivos.

25.3.10

[7]

Invierno. Las tinieblas. Hace frío, pasa el tiempo, primavera. La verde pradera, la alta hierba. El trigo ondulante, la morera frondosa. Barro, agua, azules piscinas, cielos cristalinos. Risa, luz radiante, sol templado. Tardes infinitas sobre la blanda tierra. Noches aterciopeladas entre las perfumadas sábanas. Templado, el tiempo pasa, verano. Noches transparentes de viento silencioso. Luna llena, las estrellas. Manga corta, risas, sol abrasador, caliente. Luz cegadora. Horizonte naranja, edificios, bullicio. Aventuras, descubrimientos, pasiones. Amigos inseparables, amores irrenunciables. Sexo, sexo, sexo. Desenfrenado, verdadero, brutal. Carne blanca, ojos verdes, pelo negrísimo. La perfección. Dios entre los árboles, mullidos pinos y un cuerpo al pie del tronco. Cae la tarde, otoño. Empieza la pesadilla. Caen las personas como hojas de las ramas. Silencio absoluto entre el crepitar de la alfombra sobre el asfalto. Coches que se alejan. Voces a lo lejos. Calles anchísimas, vacías. Bellas y oscuras viviendas adosadas, familias dentro de ellas. Recluidas, escondidas. Plantas de negra madera, árboles de nudosa y tenebrosa leña. Los días se hacen cortos, invierno. Llueve, la gente no está. Hace frío, la gente se refugia, y no está. Nieva, hiela. Hiela. El silencio. Hiela... silencio. Fin de año.

22.2.10

[delirio 6]

Un poco de compañía por la noche en la pantalla. Ella te habla desde su ventanita, un recuadro de luz pálida en las tinieblas. Un poco de calor de máquina en la habitación oscura. Calor de máquina y la imaginación hace el resto... lo convierte en aliento, latido, respiración, color y pasión de la vida. Ella está aquí contigo. Por esta noche no estás solo. Por esta noche los recuerdos no son recuerdos.
Cuando la pantalla se apaga, la cama, la sombra, el silencio. Ah, te engañó el placebo. Ah, sólo era un espejismo. La pantalla se apaga, y estás solo. La pantalla se apaga y ya vuelves a ti. Antes eras tú y ella una estación de servicio y nunca sería feliz. Y ahora, ¿quién? Ahora tú eres el lugar de paso. Ahora de ti entran y salen. Y Dios se regocija de su humor tan cruel con una sonrisa cumplida en el cielo.

10.2.08

[2, 3, 4]

2.

Dicen que los habitantes de lugares muy ventosos tienen la mente algo desequilibrada. Quizá sea cierto. Esta noche, la persiana pega fuerte contra el cristal. Llevamos unos días de viento especialmente rabioso. Me encanta ese ruido. Es como el murmullo profundo del mar, pero se mueve sólo la masa invisible del aire. La esfera del mundo, enorme y entera, está hecha de viento. Aquí siempre hizo mucho. Forma y deshace los surcos en la tierra; igual que disuelve poco a poco mis ideas. Al fin y al cabo, nunca vi bien del todo a la gente de aquí. No quieren cuentas con nadie y barren siempre para adentro, llenando sus casas de arena. Quizá sí estemos un poco locos, después de todo.

3.


Mi casa es muy grande. Tiene dos moradas casi idénticas y entremedias un patio que las separa. La que mira al oeste, ésa es la que uso para vivir. Allí como, duermo, veo la tele y recibo a mis visitas. La que mira al este, ésa la uso para guardar los trastos inútiles que con el tiempo voy acumulando. Por lo demás, poco la piso. Tiene, nada más entrar – desde el patio –, un dormitorio. Allí a veces llevo mujeres, por estar esta alcoba más apartada del vecindario.
El resto de la morada, en ocasiones, la visito para abandonar allí una caja llena de cachivaches. Pero hay un no sé qué en ese lugar que no me gusta. Cierro la puerta del dormitorio y quiero aislar las demás habitaciones, sintiendo en ellas ruido y luces encendidas.

Después huyo a la otra morada, donde vivo, y me acuesto en mi cama. Dejo puesta la tele, pero hay un monstruo que me llama, aunque yo no quiera escucharlo, y me recuerda cosas desde la más oscura y escondida habitación de todas.

4.

Volví a verlo al cabo de un tiempo, al menos tres años. La vida le había chupado las aguas hasta dejarlo en los huesos. Me miraba desde sus ojeras profundas y me hablaba con la voz sombría de siempre - aunque más rota que nunca -.
Parecía que el tiempo no había pasado entre nosotros. Me contó sus nuevos fracasos, sus nuevas pérdidas. Me aseguró estar por fin desengañado. Recordamos nuestra estupidez adolescente. Añoramos la ilusión de las primeras noches adultas., cuando aún no veíamos el abismo al que nos dirigíamos. “Cuanto más mayor me hago, más extraño todo aquello”, decía. Estaba delgadísimo.
Yo me fui de allí dándome puñetazos, borracho. Durante un minuto (o menos, no sé) me dolió haber dejado marchar a uno de los escasos amigos ciertos. Me sentí viejo. Habían sido tres años, pero se antojaban tres vidas. Y culpable. Había permitido que el destino devorase a mi amigo y escupiese sólo su sombra.
Esa noche estaba triste; una tristeza parecida a la de siempre, pero no igual. Cuando me acosté, ya era de día. Por eso dejé la persiana entreabierta. La luz del patio pasaba por las rendijas, lechosa. Y también, a través de las rendijas, el monstruo me miraba desde el otro lado; yo dormitaba y la bestia me observaba con ojos sangrientos y una sonrisa tranquila en sus fauces.

Febrero de 2008.