delirios: El típico caso

18.7.11

El típico caso

Fue el típico caso; el sujeto volvió a casa antes de lo previsto y descubrió a su mujer con otro en la bañera. Había salido a una reunión que le tomaría todo el día pero se canceló de improviso. ¿Para qué avisarla? Prefería darle una sorpresa. ¿No es sorprendente? Todo era tan clásico, tan manido, que podría tratarse del guión de un telefilme barato; pero ocurrió en la vida real.

Las cosas sucedieron como siempre. Era un tipo muy normal, muy tranquilo; profesor de instituto, un intelectual que llevaba siempre el periódico debajo del brazo. La gente lo consideraba educado, formal, incluso un poco apocado; lo que se diría un mierda.

Al principio, según sus propias declaraciones, escuchó ruido en el cuarto de baño. El agua corría y había voces: su mujer cantando. Pero luego le llegó un tono mucho menos familiar:

- ¿Por qué no me comes la polla?

- ¿Quieres que te coma la polla? - risas.

Después un: "cierra los ojos" y muchos "mmm...". Más risas.

El tipo esperó con toda la paciencia del mundo, pero ya no era él - o eso es lo que dicen siempre -. Ante el juez dijo que fue como si le abrieran una herida y echasen limón en ella y que se volvió loco. Yo, personalmente, le creo. No sé cómo pudo aguantar escuchando cómo su mujer se llenaba la boca de otro hasta que se abrió la puerta y vio salir al susodicho con una toalla - su toalla - enrollada en la cintura. Él estaba aguardando en la silla junto a la puerta de la cocina y se levantó; lo demás es historia.

Al parecer lo derribó de un cabezazo, le pateó y finalmente le clavó la rodilla para empezar a golpearle la cara. Le sujetó bien fuerte el cuello, estrangulándolo, mientras le daba puñetazos con tanta rabia que terminó por deshacerle los huesos.

- ¡Hijo de puta! - oyó una vecina - ¡Ahora me la vas a comer tú a mí!

La mujer salió desnuda, aún mojada, y trató de detenerle. Ya no parecía un pusilánime e incluso la empujó lejos de allí.

- ¡Aparta, puta! - y ella se desplomó agitando sus carnes morenas. Derribó una mesa y le cayeron encima todos los trastos, se hizo daño.

Pronto la cara del tipo era sólo mancha roja, la misma que empapaba todo el parqué. Se dijo a sí mismo: "hostias, que me lo he cargado"; pero creo que en ese momento no se lo creyó mucho. La furia le volvió rápido y lo sacó a la calle agarrándolo por el pelo, dejando en el suelo un restregón de sangre. Lo empujó a patadas por las escalerillas del vestíbulo y le gritó:

- ¡Ahora te vuelves así a tu puta casa! - pero él ya no pudo oírlo.

No opuso resistencia ante la policía, ¿qué hubiera hecho usted en mi lugar? Preguntó. Y yo conocí la historia un tiempo después. Es como muchas, como las películas cutres. No sé por qué, sin embargo, me apetecía hablar de ella, contarla y abundar en los detalles escabrosos, repugnantes. Tenía esa necesidad. Tal vez porque no me dejan nunca extenderme en ese tipo de cosas; quieren que cuente los hechos de forma que todo pase muy deprisa porque a la gente sólo le importará el título. Ni siquiera podría decir cómo se llama; normalmente doy unas iniciales que no repetiré hoy porque un puñado de letras no significan nada para nadie.

Tampoco podría contestar si me preguntaran qué sucedió después. Sé que debieron juzgarle porque le encerraron acusado de homicidio y violencia de género. Supongo que su mujer ya no lo es.

En el momento en que se lo llevaban esposado uno de mis compañeros le preguntó si se sentía culpable por lo que había hecho y él contestó: "todavía no lo sé".

17 comentarios:

  1. Yo hubiera repartido la mitad para cada uno. Tanto se lo merecía ella como él, quizás más su mujer.. depende de las circunstancias.. Pero ella desde luego se lleva la palma.
    Salud Javier.

    ResponderEliminar
  2. Llegué a tu blog a través de "Tres de un par", me gustó tu relato, voy a quedarme como seguidor.
    Un abrazo.
    Humberto.

    ResponderEliminar
  3. Al menos es un tipo con paciencia.

    ResponderEliminar
  4. ¡Vaya! He llegado a este blog porque he encontrado un comentario tuyo que suscribo plenamente en http://antoniocartier.es/2011/02/28/%C2%BFque-fue-de-esto-lo-arreglamos-entre-todos/ y de ahí a tu blog de política que ya cierras y me encuentro con esa advertencia a las faltas de ortografía y me acuerdo de una señal que decía: "Ignore esta advertencia". Si cometo faltas de ortografía no debo de ser consciente de ello, por lo que te "hablaría" sin faltas de ortografía, al menos, desde mi punto de vista; y si las cometo o no estoy muy seguro de saber escribir tu advertencia dice: "si no sabes escribir no me digas nada", aunque saber escribir y tener algo que decir no son sinónimos, ni mucho menos, y creo que lo sabes.

    Curioso relato. Tal vez lo hubiera titulado: "Todavía no lo sé". Me ha gustado.

    Saludos cordiales (espero no haber cometido ninguna falta).

    ResponderEliminar
  5. Pues sin palabras en un momento como esos es cuando se pierde la cabeza y la realidad no existe, solo ese momento, solo esos personajes y no hay más allá...

    Saludos ;)

    ResponderEliminar
  6. =) >:3

    Gracias Humberto. Yo también te leo, espero verte por aquí. Saludos.

    Bueno Luis, ya sabes la máxima: "desconocer la ley no exime de su cumplimiento". Pero nunca me había parado a pensar en las paradojas que contiene mi propia advertencia. Ciertamente alguien que no conoce las reglas de ortografía no puede evitar incumplirlas, bien podría ser: "si no vas a usar una ortografía correcta, no hables". Pero tampoco quiero eso. Supongo que sólo estaba pidiendo un poco de cuidado.

    Buen título, un saludo.

    ResponderEliminar
  7. Mejor ser egoísta. Si te va bien en la vida y crees ser feliz, mejor avisa de que vas antes a casa...

    Un muy buen relato.

    Besos desde el aire

    ResponderEliminar
  8. No lo entiendo, ¿qué tiene de malo dar una sorpresa a tu mujer?

    ResponderEliminar
  9. Javier no tiene absolutamente nada de malo. Es maravilloso.
    He dicho siendo egoísta...

    ResponderEliminar
  10. En todo caso, si hubiese avisado no se habría enterado de nada. Yo preferiría saberlo y no estar haciendo el imbécil.

    ResponderEliminar
  11. Creo que la esposa es tan culpable como él por haber quitado una vida, pero yo no podría haberme quedado escuchandolo todo, no tengo tanta paciencia la verdad.

    ResponderEliminar
  12. Yo sí habría esperado a que salieran; porque si llegas a entrar en el momento te la catas en medio del asunto, y eso sí que no podría soportarlo.

    ResponderEliminar
  13. Todo se termina sabiendo, para que te quieres complicar la vida enterándote de esa manera?

    Besos desde el aire

    ResponderEliminar
  14. Porque cuanto antes mejor, supongo...

    ResponderEliminar
  15. Seré simplista, pero para mí es que es tan fácil terminar con algo que no va a ningún lado antes que hacer daño a unos y a otros... Que sí, que vale, que ya hay una rutina, son X años, se tiene una cierta seguridad, pero... ¿Realmente compensa?

    Es decir, si la mujer aún quisiera a su marido, no le habría engañado... Entonces, si ya no le quiere, ¿para qué seguir con él? Me parece que en vez de simplificarse la vida, se la complica, vamos. Besitos!!

    ResponderEliminar
  16. Pues es el caso de millones de personas en el mundo que están en esa situación. Para algunos es fácil terminar con algo, para otros es imposible. Depende del miedo que tengas a meter la pata, romper la rutina, sentirte solo... supongo.

    ResponderEliminar

Háblame.