delirios: Sólo la sombra

22.3.11

Sólo la sombra

Sólo la sombra escuchaba.

- ¿Sabes qué te digo? - exclamaba él -. Que estoy harto. Voy a hacer lo que me dé la gana, o aprendes asumirlo o te puedes ir a la mierda.

Él no llevaba razón.

- Por favor, no me digas eso...

- ¿Pero cómo no quieres que te lo diga? O aprendes así, o está visto que no vas a aprender en la puta vida.

En otras ocasiones quizá sí. Pero hoy no tenía razón.

- No me quieres - decía ella.

- ¿Pero cómo te voy a querer? - bufaba él con tono hiriente - ¿Cómo te voy a querer si no haces más que amargarme la vida? Me estás jodiendo la puta vida.

Ella empezaba a llorar.

- Cómo puedes decir eso...

- Pues diciéndolo, ¡a ver! - replicaba él - A veces me arrepiento de haberte conocido. ¡Ojalá y no hubiésemos empezado nunca!

Sólo la sombra era testigo.

- Bueno... - decía ella, después de haberse tragado las lágrimas y haber contenido su angustia - Estamos muy alterados, ven a la cama y vamos a dejarlo estar. Mañana...

- No - la cortaba él - ¿Sabes qué te digo? Que me voy. Me voy a la mierda, y tú te quedas aquí sola comiéndote tus palabras. Así aprenderás.

- Pero...

- Que nada - zanjaba él - te jodes. ¡Te jodes!

Entonces tomaba la chupa y se la ponía para marcharse. Y allí estaba ella: pequeña y desnuda. Tan frágil como si fuera un pajarillo recién caído del nido. Piando, suplicando a la madre que le alzase a la salvación. Pero la madre no oía. Y él estaba equivocado justo en aquellos momentos.

La sombra escuchaba.

- Me voy.

- ¡No! - gritó ella, hipando y sorbiendo las lágrimas - No, vas a quedarte aquí y vamos a dormir.

- ¡Que no!

- ¡Sí, vamos a dormir! - lloraba ella.

Pero él se marchaba dando un portazo. Y el golpe retumbaba toda la casa que temblaba y se estremecía, como si los muebles estuviesen incómodos por la escena.

Pero la sombra escuchó y pasaron diez años, veinte años. Él entonces estaba en un bar, bebiendo. Luego se vio en su casa, bebiendo. Una cerveza, dos cervezas. Y la tele, pero la tele no escuchaba. La sombra sí. Pocos sabían que existía, algunos la llamaron Némesis. Aquella noche era él quién lloraba.

- ¿Por qué tuve que tratarla así, por qué...? - no paraba de gimotear.

No sabía. Pero la sombra es paciente. Ve, escucha. Sabe quién lleva razón y quién no. Entonces espera, sigue, vigila. Y cuando es el momento apropiado, cuando hay un hueco para ella, se mete en la oscuridad. La de dentro. Y allí se queda.

- ¿Por qué, por qué?

La sombra, royendo en las tinieblas. Devorando, hiriendo, torturando. Entonces ya tiene muchos nombres: pena, culpa, rabia. Y la ceniza de su justicia es el tiempo que se quema, las horas que se pierden. El pasado que no puede borrarse y el dolor por lo que ya no vuelve.

- No tuve que hablarle así, si pudiera...

Pero no podía. Sólo lloraba. Y mientras lloraba vaciaba una botella en un vaso: vodka. Varios tercios apilados y las pastillas en la mesa. Porque la sombra ya le había envuelto, estaba dentro de él. Por fin le tenía.

Sólo la sombra escuchaba.

7 comentarios:

  1. Es muy...¡Se lo merece! Aunque seguramente se le podría dar una oportunidad...¡Se lo merece!
    Salud

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  2. Yo también pienso que se merece eso y más.

    Salud.

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  3. Trágico final, resultado lógico de cuando hablan las vísceras...sin antes detenerse un microsegundo por la masa gris

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  4. Es que alguna gente aún no conoce la diferencia entre ser impulsivo y ser idiota... En parte que me joroba que se vaya él y que ella le suplique en vez de que ella le eche... Por otra parte, mejor para ella que se vaya, desde luego... Besos!!!

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  5. Estoy seguro de que era lo mejor para ella. No le hacía ningún bien.

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Háblame.